El sustrato es, junto con el riego, el factor que más determina la salud de un bonsái o un cactus. A diferencia de una planta de maceta convencional, estas especies necesitan sustratos minerales que combinen buen drenaje con una retención de humedad controlada.

Qué debe aportar un buen sustrato

  • Drenaje rápido: evita el encharcamiento y la pudrición de raíces, el principal riesgo en cactus y bonsáis.
  • Aireación: las raíces necesitan oxígeno; un sustrato compacto las asfixia.
  • Estabilidad estructural: debe mantener su forma con el paso de los riegos, sin descomponerse como sí lo hace la tierra orgánica.

Sustratos minerales habituales

Materiales como la arcilla expandida triturada (tipo Akadama), la grava volcánica o la piedra pómez se utilizan precisamente por combinar estas tres propiedades. Para cactus y suculentas suele aumentarse la proporción de árido grueso para maximizar el drenaje; para bonsáis de especies que toleran más humedad, se equilibra con materiales algo más retentivos.

Un sustrato distinto según la especie y el clima

No existe una mezcla universal: un bonsái de interior no tiene las mismas necesidades que uno de exterior en clima húmedo, y un cactus de zona árida requiere más drenaje que uno de bosque tropical. Como referencia general, cuanto más cálido y húmedo sea el ambiente, más proporción de árido grueso conviene incorporar.

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