La calidad del agua de una piscina depende en gran medida del sistema de filtrado, y dentro de este, del medio filtrante utilizado. Los dos materiales más habituales son la arena de sílice y la tierra diatomea, cada uno con ventajas distintas según el tipo de instalación.
Filtros de arena de sílice
Son el sistema más extendido en piscinas residenciales. El agua atraviesa un lecho de arena de sílice que retiene las partículas más grandes en las capas superiores y las más finas en profundidad. Es un sistema robusto, de mantenimiento sencillo (contralavado periódico) y con una vida útil de la arena de varios años.
Filtros de tierra diatomea
La tierra diatomea es un material de origen fósil con una estructura microporosa que permite retener partículas mucho más pequeñas que la arena, logrando un agua más cristalina. Es habitual en piscinas comerciales y públicas, donde la exigencia de calidad del agua es mayor. A cambio, requiere una regeneración más frecuente del medio filtrante.
¿Cuál elegir?
Para una piscina residencial estándar, un filtro de arena de sílice suele ser suficiente y más económico de mantener. Para piscinas con mayor afluencia de bañistas o exigencias sanitarias más estrictas, la tierra diatomea ofrece un nivel de filtrado superior. En ambos casos, la calidad y granulometría del material influyen directamente en el resultado.
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